miércoles, 17 de agosto de 2016

La Batalla por Nuestra Mente



Recuerdo el año 1999, porque fue un año trascendental para mi vida; La razón principal de esto fue que perdí todos mis ahorros, casi un millón de dólares, en una empresa de publicaciones la cual había comenzado en 1997. Este revés me obligó a empezar de nuevo, con sólo un par de miles de dólares que me quedaban. Fue en ese mismo año, en que empecé el negocio que me llevaría a través de los próximos siete años, y hasta que comenzamos nuestra vida misionera. También fue el año en que la película ‘Matrix’ fue estrenada en cines.
Mi reflexión sobre estos eventos radica en mi profunda creencia en que nuestro modo de pensar es más poderoso que cualquier circunstancia que pueda afectar nuestra condición o estado o posición, y que cualquier circunstancia que pueda causar aflicciones momentáneas o dolores, e incluso profundo sufrimiento. Esto es importante porque en esos días, al igual que hoy en día, yo creía que una persona puede lograr cualquier cosa que él o ella se proponga, siempre y cuando fijen su mente en ese propósito, en ese objetivo, independientemente de las condiciones externas.
Sin embargo, también creo que una mente tan poderosa como la que el Señor nos ha dado, puede ser fácilmente abatida, desanimada, distraída, e incluso descarrilada, por condiciones externas, que son típicamente absolutamente fuera de nuestro control, esto es, por supuesto, si se lo permitimos. Y nótese que dije, si se lo permitimos.
Lo que quiero decir es que nosotros tenemos control sobre nuestra mente, soy un verdadero creyente y me atrevo a afirmarlo como un hecho, que realmente podemos ser reyes y reinas del dominio de nuestra mente, si elegimos serlo.
Uno de los mayores dones que Dios ha dado a la humanidad es el libre albedrío. Sin embargo, una gran parte de la población del mundo vive en la confusión y el desdeño e incluso la ignorancia del poder que se nos ha dado en el libre albedrío. Porque Dios quiso que tuviésemos una opción, no sólo en la elección del árbol de la vida sobre el árbol del conocimiento del bien y el mal, pero más aún, en todos los aspectos de nuestra vida sin importar cuan infinitesimal estos sean. Y lo mejor de todo esto es, Él nos dio la sabiduría para elegir nuestros caminos apropiadamente, para que aprendamos a vivir en la gracia y a escoger bendición en lugar de maldición.
Sin embargo, constantemente, una vez tras otra escogemos la maldición, elegimos el conocimiento del mal y escogemos la condenación. ¿Por qué es esto?
Veamos la Biblia por un momento y ver lo que dice al respecto.
En 2 Corintios 10: 3-5 leemos: Pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas de nuestra milicia no son las armas del mundo. Por el contrario, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo.
Esta es una declaración extraordinaria, la cual Pablo hace a los Corintios, una declaración audaz y reveladora de hecho. La pregunta es, ¿estamos nosotros en condiciones de repetir y aplicar estas palabras a nuestras vidas?
Recordemos también que Pablo dijo a los corintios que la sabiduría del mundo es necedad, y los que se someten a Dios tienen sabiduría que viene de Dios!, ¿cuál es la diferencia?
Mi audacia y astucia empresarial y mi resiliencia y capacidad de recuperarme rápidamente en los negocios siempre se basó en la sabiduría del mundo, en premisas mundanas, en conocimiento y experiencias aprendidas del mundo, en todo esto había un ingrediente que brillaba por su ausencia, Cristo en mí, la esperanza de gloria.
Jesucristo no estaba en el centro de mi vida, o en el de mis procesos mentales, o en el centro de mis decisiones, Él no era la fuente de mi sabiduría y, por consiguiente, estos estaban contaminados, y todas mis decisiones eran sólo aparentemente sabias. Aunque podía yo sentir el poder de mi astucia empresarial en acción, y cada paso que daba era confiado y seguro, teniendo conocimiento de que cada decisión era la correcta, y la voluntad y la confianza de asumir riesgos despreocupadamente sobre la base de los muchos años de experiencia y de estudios. Sin embargo, todo era como un juego de azar, un juego bien pensado y cuidadosamente planeado de hecho, no obstante, un juego de azar, una apuesta en la que yo tenía un cincuenta por ciento de posibilidades de ganar, una decisión de libre albedrío con dos resultados posibles, y Dios siempre sabía de qué lado la moneda caería, Mas esto yo no lo veía, pues yo pensaba que era un genio, capaz de ver paso por paso como resultarían las cosas. Nunca me preocupé por incluirlo a Él en la ecuación. Yo no estaba consultando al único que podría inclinar la balanza hacia mi lado,
Si estamos familiarizados con la historia de la Biblia, entenderíamos rápidamente que la sabiduría sin Dios no es sabiduría, es tontería. Abraham sabía algo que el resto del mundo no sabía, su secreto era, que él tenía una relación cercana con Dios. Moisés tenía algo que el resto de los hijos de Israel no tenían, él era un amigo de Dios. El Rey David tenía una relación especial con Dios. Del mismo modo, podemos ver el denominador común en todas las instancias de los grandes personajes de la Biblia (debo aclarar que me refiero a la grandeza espiritual)
Moviéndonos rápidamente al pasado reciente, hasta nuestra primera misión a D. R. en julio de 2006. Después de más de 20 años de "no muy cristiana" vida en Canadá, viviendo como un empresario, y usualmente disfrutando las bendiciones y prosperidad que el trabajo duro y la sabiduría del mundo ofrecen, llegué a la R. D. con la idea de que yo podría revolucionar el cristianismo con mis grandes habilidades empresariales y con el conocimiento que "Dios me había proporcionado"
Una vez más, con la misma vieja actitud ‘valiente y decidida’, empecé una nueva empresa en la R.D. excepto que esta vez lo hacía "para Dios" con esta intención en mente, una ONG fue constituida y se desarrollaron grandes planes y estrategias, y este gran Ministerio comenzó a entrenar a cientos de niños pobres de la nación en aspectos de moral y ética y habilidades para la vida y en el conocimiento de Cristo. Todo parecía perfecto, y el programa creció rápidamente y miles de niños fueron inscritos en estos programas. Yo había invertido cada centavo que tenía nuestra familia; pues estaba convencido de que esto no podía ser una mala inversión, ya que yo estaba invirtiendo en el reino de Dios. Excepto que, a pesar del hecho de que orábamos en todas las reuniones, que adorábamos a Dios fervientemente, que rendíamos a los pies de Cristo Jesús cada acción que tomábamos, y todas las inversiones y compras que hacíamos, a pesar del hecho de que yo pasaba horas diariamente orando y leyendo las escrituras.
Yo no había dejado de ser el empresario arrogante, omnipotente y diestro que sabía cómo iniciar y manipular un negocio, cómo hacer que las cosas funcionaran de manera precisa. Y en este caso, nada era diferente. Yo tenía la intención de mostrarle a Dios lo inteligente que era, y cuánto podía yo hacer por su reino. Y el Señor permitió que yo me metiera cada vez más profundamente en este agujero de arrogancia, el cual tenía solo una salida; hasta que me había gastado hasta el último centavo que teníamos. Y entonces nos estrellamos, como vasija de barro contra una pared de hierro, rompiéndonos en mil pedazos.
Después de 18 meses, y miles de dólares prácticamente desperdiciados, me encontré llorando una mañana, molido, rogando a Dios que me perdone y pidiéndole otra oportunidad. Sobra decir que el Señor respondió a mis oraciones, aunque en sus propios términos; Él me consiguió un trabajo como productor de una revista, y envió al pastor David a rescatarme, y para que me ayudara a continuar con el Ministerio.
Más de diez años han pasado desde aquellos días, y creo que finalmente, recientemente, por fin he obtenido una visión de la lección que el Señor ha estado tratando de enseñarme.
A lo largo de todos estos años y, a pesar de las abundantes bendiciones de Dios en nuestras vidas, y de las grandes hazañas que Él nos ha permitido vivir para su gloria, mis batallas personales han sido en su mayoría, acerca de dejar ir ese espíritu independiente que limita el trabajo que Él quiere hacer en mí, y mientras Él continúa eliminando fortalezas y rebeldías en mi vida, aun continuo encontrando rasgos ocultos y pensamientos mundanos, que deben de ser sometidos al conocimiento de Cristo.
Sin embargo, esta mañana el Señor me ha dicho simplemente, "deja las inútiles batallas para lograr lo que ya yo he logrado" y estoy una vez más vergonzosamente humillado por la realidad de que su obra en nosotros no se hace por completo hasta el día de Cristo.
Ayer en la noche estaba escuchando uno de los sermones de Bill Johnson, en el cual él dice que el escudo de la fe nos es dado para detener los dardos de fuego del enemigo, sin embargo, la espada del espíritu, que es la palabra de Dios, es el tipo de espada corta similar a la utilizada por los romanos en los tiempos de Jesús, y que esta espada se utiliza a menudo para extraer esas flechas que no han podido ser detenidas por el escudo y han herido al soldado, de la misma manera, debemos usar la espada en nosotros, para extraer los dardos que nos hieren, porque sólo la palabra puede hacer eso.
Lo que creemos nos hace ser lo que somos y lo que creemos, establece las pautas para el condicionamiento de nuestra mente, cuando nuestras creencias son debilitadas, nuestra identidad se ve afectada, y nuestro propósito se desenfoca y se distrae.
En segunda de Corintios 5:17 nos encontramos con que cualquier persona que está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas
Dios no puede funcionar con eficacia en una mente llena de fortalezas, inundada con creencias torcidas, y agobiada por sabidurías mundanas, o con las viejas tradiciones y patrones que controlan nuestros procesos mentales; por lo cual, en lo adelante, debemos someter nuestra mente a Dios, someter cada uno de nuestros pensamientos al conocimiento de Cristo, someter a pruebas todo pensamiento en base  a la medida de las Escrituras, antes de que estos puedan crecer raíces en nuestra mente. Debemos eliminar todo condicionamiento mental que no permanece en Cristo, que no responde al filtro de las Escrituras.
Entregarnos a Cristo, y ser transformados por la renovación de nuestra mente, es el único camino hacia una vida de victoria; no de victoria mundana que es fugaz y vana y vacía y sin sustancia, pero la victoria espiritual, según Dios, la cual nos viste con la sabiduría de Dios, y que es eterna.
Que el Señor te bendiga y te guarde!
José A. Luna

Ministro de Cristo Jesús

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