sábado, 16 de mayo de 2015

Mientras Lucho con el Pecado!

Cristo en mí, la esperanza de gloria.

Pablo habla en Colosenses 1:27 de una realidad estampada en los seguidores de Cristo, y que él llama un misterio. Un misterio el cual no fue revelado antes del cumplimiento de los tiempos, el ministerio, la muerte y la resurrección de la esperanza de la gloria, el Señor Jesucristo.
Y él habla de regocijo en su sufrimiento, mientras él viaja a través de la mayor parte del mundo conocido de su tiempo.

Regocijo en sufriendo porque hay un propósito más grande, el cual él está enfocado en perseguir, y un mayor camino por delante de él y una carrera más maravillosa la cual el corre con fiereza, con un único objetivo en mente, la meta final, la corona de justicia.
 
Al leer este pasaje, como tantos otros en la Biblia, reflexiono sobre la vida de Pablo, y Jeremías, y Juan el Bautista, y Samuel, y reflexiono en las muchas luchas que enfrento en mi caminar, en la carrera que Dios ha puesto por delante de mí, y la corona de justicia que me espera en la meta final, y suspiro con alivio, pues puedo ver con claridad que mi salvación, y la carrera que debo correr, y el regocijo en el sufrimiento, y el regalo de su alegría, y su fe dentro de mí; nada de esto es de mi hacer, porque si lo fuera, yo estaría perdido sin esperanza, como  lo habría estado Pablo, y Jeremías y Juan el Bautista y Samuel, y los muchos otros grandes testigos que Dios nos ha dado para testificar de su
fe, y para ayudarnos a ver esta fe como la única cosa que es requerida de mí, y ni siquiera esa fe es de mí, porque me fue dada por Dios.

Y suspiro de alivio cuando miro a mis debilidades, mis muchos fracasos, y a la que habría sido mi desesperada situación con Dios, si no fuera por la esperanza de la gloria
Miro al rey David, y a Abraham y a Moisés, estos grandes pilares de la historia del Antiguo Testamento, y se alegra mi corazón, porque me gozo en las misericordias de Dios, quien, siendo nosotros aún pecadores, Él envió a su hijo a morir por nosotros, y aun cuando hemos sido rescatados por él, por su propio placer, y aun cuando mientras estábamos como el carmesí, Él nos hizo como la lana, veo que nuestro cuerpo pecaminoso no ha cambiado, nuestra vieja naturaleza no ha cambiado, lo único que ha cambiado es que Él nos ha dado su Espíritu Santo, y que la vieja naturaleza ha muerto con Cristo, y hemos sido resucitados con Él. Sin embargo, este cuerpo de pecado sigue tratando de salir de su tumba, y así mientras yo proclamo su muerte, sigo de vez en cuando alimentándolo, dándole suficiente respiro para hacerme tropezar. Y grito con el apóstol Pablo "No entiendo lo que hago. Pues lo que quiero hacer no lo hago, sino lo que aborrezco, eso hago "(Romanos 7:15), y grito con David" Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia.; de acuerdo a tu gran compasión, borra mis transgresiones.
Lava mi maldad, y límpiame de mi pecado "(Salmo 51:1-2).

Entonces recuerdo las muchas veces Abraham tropezó, o el día en que Dios casi mata a Moisés por una desobediencia, o el momento en que Jesús le dijo a Pedro: "Simón, Simón, Satanás os ha pedido para tamizarte como trigo. Pero yo he orado por ti, Simón, para que tu fe no desfallezca "(Lucas 22: 31-32A), y recuerdo que Jesús tomó posesión de mí (Fil 3:13) y nunca me va a soltar, y aunque los sufrimientos continuarán y las luchas continuarán y si bien puede haber otros golpes y moretones a lo largo del camino, siempre y cuando mantenga mis ojos en la meta final, siempre que mantenga mis ojos en Jesús, el autor y consumador de
nuestra fe, y porque nada puede separarme de Su amor (Romanos 8:39).
Puedo seguir clamando y mirando al cielo, y en humilde adoración gritar, ven Señor Jesús, porque estoy listo para ti!
Esté usted
también listo, ponga todas sus luchas y dolores a los pies de Jesús, y deje que él sea vuestro Señor!
 
José A. Luna
Un siervo de Cristo Jesús!

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